domingo, 10 de junio de 2018






















Una nueva mirada a nuestro origen y diáspora romaní.

por Ronald Lee.


Hasta los leones tienen historiadores. Las historias de caza siempre glorificarán a los cazadores.
Proverbio africano.


Un pueblo misterioso y los pseudo-egipcios.

Durante casi quinientos años, desde que los romaníes aparecimos en Europa a fines del s. XIV y principios del XV, los europeos se han estado preguntando de dónde hemos venido. En aquel entonces, incluso nosotros habíamos olvidado nuestros orígenes asentados en la región central del norte de la India, si bien en 1422 algunos romaníes recién llegados a Europa le dijeron a los italianos de Forli (Italia) que su patria original era la India (Muratori, 1731, vol. XIX: 890). Pero esta información estuvo sepultada entre los archivos hasta hace poco (Informaciako Lil 7-9, 1992). Nuestro origen indio comenzó a reconocerse recién a partir de fines del s. XVIII, en medio de un selecto grupo de eruditos, entre los que se encontraba el pionero Heinrich Grellman. Y este hecho luego se propagaría lentamente gracias a lo que llegó a conocerse como los Gypsy Studies o ‘estudios gitanos’, a finales del s. XIX y principios del XX, fecha en que aquella iniciativa se vio monopolizada por la asociación británica: Gypsy Lore Society (GLS).  

La GLS era un vacilante grupo de racistas con sentido paternalista y victoriano que fue fundado en 1888 y que surgió como vástago de los orientalistas de aquel entonces. Su publicación: la Journal of the Gypsy Lore Society, una mezcla de erudición académica de la época junto a divagaciones literarias de excéntricos y aficionados con dinero, pronto se convirtió en la principal fuente de información sobre el pueblo romaní; principalmente sobre aquellos asentados en las zonas británicas, consideradas por tales estudiosos como la punta del iceberg demográfico de los roma. De esta manera, a fines del s. XIX se encontraba ya establecido el escenario que logró definirnos de manera errónea y estereotipada por personas ajenas a nuestra cultura. Y tal mirada se vio hábilmente fomentada por una larga lista de pobres escritores que elaboraron interminables series de novelas románticas -acerca de gitanos con los que nunca se reunieron- y que pronto se convirtieron en la principal fuente de información para las personas menos preparadas; sucedió así hasta que fueron reemplazadas en su tarea por películas como Golden Earrings y Hot Blood, y luego por los varios estrenos difundidos por la caja boba. A finales del s. XX, y tras la muerte de la venerable paṇḍita Dora Yates a los 95 años de edad (en 1974), la añeja, desdentada y moribunda GLS gradualmente se vio transformada por la naciente y académica Young Turks of Neolorist Gypsy Studies en lo que ahora es conocido por los activistas romaníes como ‘la industria gitana no-romaní’.

A pesar que nuestro origen en la India ha sido demostrado sin dejar lugar a dudas, incluso en la actualidad [2009], en la era de internet, todavía persiste la amplia y totalmente errónea creencia de que ¡provenimos de Egipto! Recientemente vi un libro infantil que muestra a la esfinge, las pirámides, faraones, camellos y un vardo (caravana) anglo-romaní grabado y decorado junto a un romanichel que está sentado y tallando perchas de madera en algún retirado lugar; imagen muy al estilo de George Borrow y de los novelistas románticos que afirmaban “con toda autoridad” que “los gitanos provienen de Egipto”. ¿Cómo comenzó toda esta suerte de mitología?

Antes de la llegada del pueblo romaní a Europa, los venecianos y empresarios de la época ya habían traído gente de piel oscura del Medio Oriente a fin de que realizasen acrobacias y malabares, para que tocasen música y bailasen; y ya que estos primeros visitantes fueron torpemente llamados ‘egipcios’ debido a que procedían del Imperio Mameluco, los roma posteriomente también serían identificados con ese mismo apelativo. En inglés se les llamó egyptians, palabra que luego fue abreviada como gypsian y finalmente como gypsy. Otros grupos romaníes llegaron a Europa Central y del Este desde una región situada en el Peloponeso griego llamada ‘Pequeño Egipto’, lugar en donde en el s. XV eran conocidos como romiti, denominación que compartían con otros grupos provenientes de Anatolia, en lo que ahora es Turquía. Ambas regiones eran conocidas también como Kleine Ægypter en alemán, que significa ‘pequeño Egipto’ o ‘Egipto menor’. Existe evidencia, además, de que estos primeros roma en Europa se valían de una estratagema económica por la que decían ser penitentes egipcios que estaban realizando un peregrinaje de expiación. A causa de esa presentación recibían las limosnas de las iglesias, pues era práctica común dar donaciones a los peregrinos y penitentes en su búsqueda o travesía religiosa. Probablemente algunos de los grupos que llegaban hayan adoptado también esta estratagema durante su estancia en el Imperio Bizantino, en donde había verdaderos grupos de cristianos egipcios (coptos) que se habían refugiado en el lugar huyendo de las invasiones musulmanas y de los levantamientos en el propio Egipto. En Bizancio, desde el principio los roma fueron erróneamente definidos como athinganoi o atsingani, término griego que significa ‘no tocar, intocable’, y que hacía referencia a una antigua secta de místicos persas que había huido de la conquista árabe sobre su suelo original durante el s. VIII. El término fue adoptado luego por muchas lenguas europeas para definir al pueblo romaní, bajo formas como cigani; en Grecia y los Balcanes se usó el término gyifti, gupti o kibti, que hace referencia a los coptos o egipcios.

Recientes estudios dirigidos en la India por especialistas de tal país, y en Europa por académicos romaníes y no-romaníes, finalmente han destrozado el mito egipcio y han confirmado los orígenes del pueblo rom en la India. Los escritos contemporáneos de Firdawsi -escriba persa de la corte de Mahmud de Ghazni- y otras crónicas de la época prueban más allá de toda duda que nuestros orígenes están en la India; si bien no fuimos un específico grupo indio, ni procedemos tampoco de una sola casta o siquiera a un solo pueblo. En el s. XI hubo un grupo de pequeños reinos en Gurjara, en la zona noroccidental de la India, en lo que fue la Confederación Rājaputra. Se trataba de sociedades de estilo feudal, compuesta por una casta de hacendados-guerreros (kṣatriyas) y por una población de sustento: los vaiśyas, quienes eran los obreros y artesanos que hacían el trabajo rudo para satisfacción de la casta gobernante y para los brāhmaṇas (sacerdotes). Algunos [de tales vaiśyas] fueron granjeros, cultivaban campos y trabajaban con animales; otros fueron orfebres, actores, artesanos, plateros, hojalateros y lavanderos/as. En otras palabras, eran la gente necesaria para conformar una sociedad de trabajo que sustentase el ocio de los acaudalados.

Cada familia y cada clan perteneciente a las subcastas tenían una específica ocupación o profesión (jāti) que era practicada por los hombres en su conjunto. Se trataba de un ordenamiento que formaba parte de la religión hindú y que se sustentaba en las Leyes de Manu; pues todo aquel que pertenecía a una casta particular y que tuviese un jāti dentro de esa casta debía realizar una función específica, realizar un tipo específico de trabajo. Esta es, precisamente, la manera en que los roma asentados en Europa han sido subdivididos en el pasado. Cada familia y cada clan poseía determinadas destrezas que legaban de una generación a otra; tal es el caso de los músicos, de los comerciantes de caballos, de los ladrilleros, de los herreros, etc. Es muy probable que ciertos grupos de la población de sustento original de aquella sociedad de trabajo perteneciera a un conglomerado de personas llamadas ḍomba (en singular ḍom, ‘hombre’), término que significa ‘pueblo’ o ‘seres humanos’.

Cada uno de aquellos pequeños reinos del Rājaputra estaba regido por un ṭhākura o pequeño rey; y éstos a su vez servían a un rey elegido por ellos mismos y que era el gobernante supremo. La palabra thagar es la variante de ṭhākura, y la misma existe todavía en algunos dialectos romaníes para expresar al ‘rey’ o ‘líder’ [de la comunidad].


Mahmud de Ghazni y la diáspora romaní.

A principios del s. XI, en lo que ahora es Afganistán y luego de haber sido derrocado el califato árabe a fines del siglo anterior, surgió una dinastía turco-musulmana llamada Imperio Gaznávida. Ya establecidos en aquel entonces, los gaznávidas comenzaron a hacer incursiones en la India bajo su líder, Mahmud de Ghazni, y entraron en conflicto directo con la Confederación Rājaputra. Hasta 1192 se dieron constantes batallas, saqueos, destrucción de pueblos y ciudades, produciendo como consecuencia la ruptura de la unidad de los territorios rājaputra. Tales incursiones anuales de Mahmud de Ghazni (favorecidas por el clima) daban como resultado el saqueo y la destrucción de templos, la captura de esclavos y la devastación del paisaje. Luego de vencerlos, Ghazni permitió que los pequeños reinos existiesen como estados vasallos, bajo tratados que demandaban el pago de un tributo anual para financiar la expansión de su corte y de sus ejércitos, pues apuntaba a la conquista de Persia. El tributo incluía elefantes con sus respectivos mahautas o conductores, metales preciosos y diversos productos. 

Junto al reclutamiento de ingenieros, de artesanos y de otros profesionales de la India con el fin de diseñar y supervisar la expansión de Gazna -la capital de su imperio- y de su corte, Mahmud de Ghazni reclutó también un vasto número de tropas de los vencidos reinos rājaputra, a quienes se les llamó ghulam o ‘soldados protegidos/esclavos’. Estos mercenarios, lo quisiesen o no, fueron agrupados bajo una unidad étnica dentro del ejército gaznávida; y los hubo quienes fueron incluso guardias personales de Mahmud de Ghazni. Estos guerreros tenían a su vez su respectivo séquito militar, cuyos miembros -siendo hombres de combate- traían a su vez a sus mujeres e hijos junto con ellos. Las esposas de los soldados rājaputras se dedicaban al cuidado de las personas durante la noche, acercándoles agua a las tropas y realizando diversas tareas de apoyo que eran necesarias dentro de la estructura militar. 

Se dice, además, que algunos de tales kṣatriyas de la India llegaron incluso a ser generales del ejército de Mahmud de Ghazni. Muchas de las tropas y sus respectivas compañías, además de su séquito de seguidores (como músicos, comerciantes, porteadores de sal y de agua, líderes religiosos, etc.), fueron asignadas a la guarnición de Khurasán, al este de Persia. Las unidades de tropas étnicas que retenían su propia religión y su lenguaje comunitarios -y que por ende eran políglotas y multiétnicos- fueron comunes en los ejércitos gaznávidas e incluían no sólo a gente de la India sino también a los paganos cumanos o turcomanos de las estepas, a árabes, kurdos y diversos grupos más. Con frecuencia los prisioneros de batalla eran reclutados para reemplazar a los gaznávidas perdidos en las contiendas; y tal como en otros imperios (desde el imperio persa, el romano y hasta el británico), los hombres de combate del pueblo vencido y ya colonizado eran incorporados al ejército de los conquistadores. La mayoría de los soldados de aquellos tiempos servían a sus amos por interés al saqueo y no a causa del deber o el patriotismo, a menos que tuvieran que defender sus hogares y sus familias. Diversas bandas de mercenarios y de tribus nómades se unían a la campaña y, si se lograba la victoria y sobrevivían, retornaban a sus hogares cargados con el botín y llevando esclavos; en caso contrario, huían sin haber saqueado nada.

Una palabra de origen sánscrito para señalar al soldado en algunos dialectos romaníes es lur/lurdo, que significa ‘saqueador’, y es el participio pasado del verbo lurel-saquear, robar (la palabra sánscrita luṇṭhayati-saquear, se transforma en el hindi luṭanā y nos da el término inglés loot-saquear). Con posterioridad veremos en la historia que las conductas de los ejércitos no mejorarán demasiado: durante la Guerra de los Treinta Años del s. XVII, mercenarios “católicos” y “protestantes” saqueaban y asesinaban a cualquiera que fuese incapaz de alejarse de su camino a medida que marchaban en los alrededores del occidente y centro de Europa bajo el compartido estandarte de Jesús. De esa manera dieron lugar a la rapiña, la muerte, la devastación y al vuelo circular de los buitres a medida que avanzaban.

En 1038, los turcos oğuz, posteriormente conocidos como selyúcidas, cruzaron el límite marcado por el río Oxus. Probablemente presionados a salir de las estepas por otros bárbaros más numerosos y temibles que ellos, entraron en la región gaznávida de Khurasán buscando pastos verdes para sus ganados y un lugar tranquilo en donde vivir en paz. Este hecho significó una clara invasión al territorio gaznávida y dio lugar a una serie de batallas que culminaron en una contienda de tres días: la Batalla de Dandaqan (1040), un lugar próximo a la ciudad de Merv. En esa batalla, los gaznávidas estaban bajo el mando de Mas'ud (el hijo de Mahmud de Ghazni con pocas dotes militares) y fueron derrotados de manera abrumadora. Lo que sucedió con las tropas indias sobrevivientes y con sus respectivos séquitos no resulta del todo claro, excepto que muchos de ellos subsistieron y muchos otros quedaron al servicio de sus captores. Sin embargo, sí está documentado y hay una incontestable evidencia de que, poco después de aquella batalla, hordas de refugiados huyeron al occidente para escapar de los turcos. Y hay referencias de indios en el reino oriental de Armenia no mucho después de la Batalla de Dandaqan. 

La existencia de un conjunto de palabras tomadas del armenio que han logrado sobrevivir en todos los dialectos romaníes de Europa (como ambrol-pera, anguštri-anillo, bov-estufa), sugieren que las mismas fueron recogidas en Armenia antes de que los roma partieran de la zona hacia la Anatolia bizantina de habla griega y luego hacia las Balcanes en lo que fue una serie de migraciones que abarcaron un periodo de 200-300 o más años. Es posible, además, que los así llamados “gitanos lom” que en la actualidad viven en Armenia desciendan de las familias romaníes que optaron por quedarse allí; aunque el registro lingüístico del lomavren, lengua que hoy contiene sólo elementos básicos de palabras indoarias, no puede aprobar ni desaprobar esta conjetura de manera definitiva.   

El reino oriental de Armenia pronto se vio sujeto a las incursiones de los turcos selyúcidas, quienes finalmente lo sometieron en la Batalla de Ani, en 1064, forzando así a un numeroso grupo de armenios -y probablemente también a algunos indios- a emigrar al occidente, a Cilicia, que se encontraba bajo el estado protector de Bizancio. Los turcos comenzaron luego a avanzar sobre Anatolia, que pertenecía al Imperio Romano de Oriente (o Bizancio, como es más comúnmente conocido). El ejército bizantino fue derrotado en la Batalla de Manzikirt en 1071, y los selyúcidas establecieron el Sultanato de Roum -también conocido como Iconium- en Anatolia. Hacia 1192, el Sultanato de Roum había tomado la mayor parte del Imperio Bizantino en Anatolia, excepto Nicea, Constantinopla y el Imperio de los Balcanes sobre el Bósforo. Los indios, que ya mucho antes habían entrado a esta región, se encontraron en aquel suelo de habla griega dominados por los turcos selyúcidas que utilizaban el persa como lenguaje administrativo.

Como soldados del ejército gaznávida, los indios -que hablaban una mezcla de dialectos indoarios- pronto adoptaron una lingua franca militar basada en sus lenguas nativas mezcladas con muchas palabras de origen persa. Ese fue el koiné militar usado por los gaznávidas para comunicarse con los individuos y tropas indias bajo su mando. Por supuesto que no se trataba de la lengua nativa de nadie sino de un lenguaje de campo usado para la comunicación entre tropas que hablaban de manera diferente o que se expresaban en diversos lenguajes nativos. Este koiné militar continuó existiendo hasta mucho después de que las tropas indias dejaran su tierra en el s. XI. Y a lo largo del s. XVI, bajo los conquistadores mongoles, esta lengua evolucionó hacia el urdu: el koiné militar utilizado por los mongoles y que más tarde se convirtió en el urdu-hindustaní, adoptado por el tardío rāja británico para sus políglotas cipayos y para sus nativos administradores coloniales. El urdu es actualmente la lengua de Pakistán.   


Los indios se convierten en romas.

Llegados a este punto, los expatriados ghulams (soldados por contrato) y sus séquitos se veían a sí mismos como indios desplazados de su lugar de origen, verdaderos refugiados; pero en el Sultanato de Roum comenzaron a verse como personas con derecho propio debido a que ya los ancianos habían muerto y las recientes generaciones estaban naciendo fuera de la India. Fue así que fueron perdiendo su identidad india y adquirieron la identidad del roma, es decir de ‘adultos’ o de ‘personas’, pues la palabra rom significa en romaní ‘adulto, casado’. Muy probablemente se subdividieron en varios clanes según sus ocupaciones específicas o jātis, tales como comerciantes de animales, orfebres, canasteros, músicos, etc.; añadiendo, además, otros nuevos oficios según se daban nuevas estrategias económicas que los movían a abandonar los viejos métodos de trabajo (un rasgo de identidad que ha perdurado hasta la actualidad en diversas regiones).

De manera contraria a lo que muchos “especialistas” han escrito, el tráfico de caballos no fue una profesión que los comerciantes romaníes pudieron haber seguido en la India, ya que allí los animales de trabajo eran el elefante y el buey (también descrito como ‘toro’); luego, es más posible que nuestros ancestros indios hayan comerciado con bueyes o toros. El andar sobre caballo fue algo importado de Arabia por los rājaputras a través de sus intermediarios en Afganistán. La palabra romaní para designar al caballo, de origen indio, es khuro (hindi, ghoḍa); y los caballos -en tanto bestias de carga- y los vagones tirados por equinos lo encontraron los inmigrantes romaníes antes que nada en Armenia. La palabra armenia grai (caballo), y la palabra osetiana urdon (vagón), junto a los objetos que representan, fueron adoptadas según la evolución del lenguaje y economía romaníes. En el s. XX, las viejas labores de comercio -como las relacionadas con los caballos- se tornaron cada vez menos viables y forzaron a los romaníes a adaptarse y dedicarse a la transacción de automóviles y camiones, a la recolección de chatarra y a otras alternativas de trabajo que resultaran adecuadas, dando lugar así a nuevas formas de comercio, como los service de automotores o las gomerías. Las mujeres, por supuesto, siempre han sido adivinadoras, parteras, herbolarias, vendedoras ambulantes y algunas participaban con sus familias en los grupos musicales.

En el Sultanato de Roum, el lenguaje del grupo fue el koiné militar, el único lenguaje “nativo” que tuvieron en común y que sus parientes usaron bajo el dominio gaznávida; el mismo incluía un conjunto de palabras greco-bizantinas que habían sido gradualmente adoptadas y añadidas a los préstamos persas y armenios ya existentes. Toda aquella suma [de vocablos] se convirtió en nuestro lenguaje nativo o romani-šib. En este nuevo entorno, habitado por comunidades de labranza y por pastores nómades turcos y kurdos, y con unas pocas ciudades y grandes aldeas aquí y allá, la naciente comunidad romaní encontró un refugio para sus miembros: comerciantes errabundos, vendedores, artesanos y músicos; en otras palabras, fueron intermediarios, vendedores, proveedores de servicios y de entretenimiento. Obviamente, el elemento militar dejó de ser importante; y los descendientes de los kṣatriyas, quienes habían existido como familias o grupos, probablemente vieron de prestar su servicio a los señores selyúcidas locales para participar en sus incursiones y saquear a los enemigos del Islam. De esa manera, se convertirían en ghazis mercenarios (guerreros del Islam) o en guardias personales. Sin duda, algunos lucharon contra los cruzados como bashi-bazouks (tropas irregulares) y tuvieron sus propios séquitos de compañía. Tales compañías en general aumentaban su número e incluían vendedores, artesanos, comerciantes de animales, músicos, personajes del entretenimiento y gente con cualquier tipo de profesión que los capacitase para sobrevivir y que tuviese poca competición, pues las había que estaban ya saturadas.

A medida que las familias originales aumentaban su número con el correr de los años, pequeños grupos comenzaron a emigrar hacia el oeste, a Nicea; y también a lo largo del Bósforo, hacia Constantinopla, todos viéndose arrastrados por las historias de riquezas de “La ciudad dorada”. Gradualmente,  además, el poder de los turcos selyúcidas fue disminuyendo y el Sultanato de Roum se vio dividido en varias entidades pequeñas o bailías, cada una regulada por un señor distinto. Fue a causa de este vacuum de poder que surgió uno nuevo, la de los turcos-otomanos, quienes comenzaron a expandirse dentro del Imperio Bizantino a partir de las Balcanes. A medida que tal ejército entraba en las Balcanes, llevaron consigo bashi-bazouks y artesanos, estableciendo así la presencia romaní en la región. La evidencia también menciona a los roma sazende (a los músicos romaníes) sirviendo junto a los otomanos invasores. Los músicos romaníes no sólo tocaban temas marciales con instrumentos de viento y con tambores, sino que realizaban temas de entretenimiento tocando el saz turco (un laúd de cuello largo, del que deriva el bouzouki griego), el kemana (un tipo de violín) y varios tambores chicos; así como el eterno zurna (una larga chirimía de doble lengüeta) acompañado por un gran tambor o doli.


La diáspora romaní en Europa.

A partir de la Nicea bizantina, los roma también comenzaron a entrar en las Balcanes alrededor del s. XIV. Y algunos grupos migratorios vieron de desplazarse lentamente entre las regiones de habla eslava -tomando palabras del eslavo y del antiguo serbio- hasta alcanzar Valaquia y Moldavia, en donde añadieron unas pocas palabras rumanas a sus evolutivos dialectos romaníes. Otros grupos de romaníes permanecieron en las Balcanes, al sur de los principados rumanos. Esta parte de nuestra historia no puede discutirse, ya que de aquí en más se haya bastante registrada, si bien no siempre de manera acertada. Está el hecho, además, de que todos los dialectos romaníes hablados o registrados desde Gales (Gran Bretaña) hasta Siberia contienen las mismas palabras prestadas del persa, el armenio, el griego bizantino, el eslavo antiguo y el rumano.

Una de las indicaciones de nuestro pasaje por las Balcanes es la aparición del término eslavo-rumano puška /pusca-arma de fuego, que aparece en varios dialectos romaníes sobrevivientes o registrados durante la primera oleada (hacia el 1400-1500 d.C.) en Escocia, Holanda, España, Hungría, Polonia y Eslovaquia. Esto indicaría que las primeras armas de fuego se hallaban en uso cuando pasamos a través de aquellas regiones y adoptamos la palabra y el ítem que representa. Tras alcanzar Rumania, pequeños grupos de romas se dispersaron en varias direcciones, cada cual con su propio líder -a quienes las crónicas europeas señalan como “condes” o “duques”- e hicieron su presencia en todos los países de Europa. Hacia el s. XVI estábamos en todas partes, desde las Islas Británicas y España hasta muy al este, en lugares como Polonia y el occidente de Rusia; al norte estábamos incluso en Noruega y al sur en Grecia. Muchos roma permanecieron en Valaquia y Moldavia, en donde pronto fueron esclavizados debido a su valor económico como artesanos y obreros. Allí fueron sometidos a una servidumbre realmente brutal, tal como lo fueron los esclavos del África a manos de las colonias españolas, portuguesas, francesas e inglesas asentadas en América; lo fueron hasta la llegada de la slobuzhéniya, o día de la liberación, en 1864.

Los historiadores se refieren a este éxodo, migración y dispersión del pueblo romaní como nuestros orígenes y diáspora. Nos originamos en la región central del norte de la India, emigramos a principios del s. XI a través de Afganistán (Ghazna) como tropas ghulams con sus respectivas compañías; pasamos por Persia, Armenia, Bizancio, el Sultanato de Roum, Grecia, el reino de Serbia y a través de lo que ahora es conocido como Rumania hasta llegar a la región central de Europa. Luego nos separamos en grupos más minúsculos y hallamos nuestro camino en dirección a todos los países restantes del viejo continente.

En la zona centro-oriental de Europa y en las Balcanes, el pueblo romaní adoptó la identidad de romas, y a través de la emigración hizo lo mismo en el nuevo continente e inmediatamente después en todas partes del mundo. Hasta donde sabemos, aquellas gentes de la primera oleada migratoria no usaron este término para autodesignarse. Para ellos, rom significaba ‘esposo, adulto casado’ y no implicaba etnicidad; la palabra roma señala simplemente al adulto maduro, casado. Algunos romaníes del occidente de Europa se definen a sí mismos como kale (España, Gales y Finlandia), romanichel (Francia e Inglaterra; en el primero se llaman también manuš) y sinti (probablemente del alemán reisende-viajero; lo usaron en Alemania/Austria y, posteriormente, a través de la migración, en Italia y en otras partes de Europa). Otros grupos de la primera oleada eligieron otras definiciones para autodenominarse, pero todos nosotros, sin importar como gustemos llamarnos, somos ocasionalmente agrupados bajo el término “gitanos”; en inglés somos denominados de manera más general como Gypsies, con una ‘g’ capital. Lo que este término significa, aparte de ser una contracción de ‘egipcio’, nunca ha sido claramente definido, excepto que para los gadje o extraños significa ‘los otros’ que no son ‘nosotros’. Incluso la Gypsy Lore Society, quien asumió la tarea de definirnos, clasificarnos y diseccionarnos clínicamente, no pudo lograr una mejor definición que esa peripatética designación; la misma que pareciera realmente ‘muy patética’ en una era en que el 90% de la población autorizada a definirse como romaní es sedentaria y se desplaza únicamente debido a la sistemática discriminación, persecución y/o limpieza étnica.

Es muy probable que los no-romaníes ya graduados que salgan de las modernas universidades sean más peripatéticos que los propios romaníes si se limitan a girar en torno al circuito académico que busca aquella definición tan elusiva. Más aún, puesto que como pueblo hemos vivido en Europa y compartido -por desgracia como víctimas- no solo su historia de racismo, persecución y el Holocausto, sino que también hemos contribuido a su desarrollo y a las artes toda vez que se nos ha permitido, estamos autorizados a reclamar la identidad europea. Los romaníes hemos estado viviendo en las Balcanes y en la mayoría de los países del viejo continente durante mucho tiempo, mucho antes que cualquier europeo comenzara a establecerse permanentemente en América. En 1492, cuando Colón se preparaba para su fatal viaje de descubrimiento (fatal para los nativos de las Américas), los herreros romaníes se encontraban fundiendo balas de cañón para el ejército español que estaba asediando la ciudad de Granada, ¡la última fortaleza mora en España!

Antes de arribar a Rumania estuvimos prácticamente viajando juntos (al menos en una migración de saltos intercalados), como un solo pueblo y hablábamos una sola lengua romaní casi en común. Cuando nos dispersamos por los países de Europa perdimos nuestra unidad como pueblo y nuestra compartida lengua se fue desintegrando en diversos dialectos debido a que vivíamos en diversas regiones, rodeados siempre por no-romaníes que hablaban muchas otras lenguas; lenguas de las que nos apropiamos debido a los nuevos ítems y conceptos que reflejaban. Y debido a que los roma que vivían en Rusia nunca se reunían con los de Grecia o con los romanichel de Gran Bretaña y viceversa, el contacto cercano y nuestra identidad universal finalmente se perdieron. Por carecer de un lenguaje escrito y de una élite educada, los romaníes se desarrollaron como un grupo de estricta oralidad autóctona. De esta manera, los diferentes grupos de romas que existen hoy en día, que hablan diferentes dialectos y viven en diferentes países, son el resultado de nuestra historia después de haber llegado a Europa.

Cuando entramos al viejo continente éramos un solo pueblo llamado roma o romiti, que tenía un origen en común en la India y una sola identidad romaní desde Anatolia. En la actualidad, tenemos una historia compartida de rechazo y persecución en Europa, y una inclusión compartida en “la solución final” de Hitler como “seres vivos indignos de vida”. Como dicen los roma europeos:

Ande l'bova sa samas jekh
En el crematorio todos fuimos uno.

Hoy en día [2009] compartimos una exclusión por toda Europa que rápidamente se está volviendo más fascista dentro de un tiempo así llamado “la década de la inclusión romaní”.


¿Cuándo fue que dejamos la India?

¿Cómo podemos saber cuándo dejamos la India? Los especialistas europeos con frecuencia sostienen que la dejamos en diferentes momentos hace unos 500 años o mucho más. Pero esta afirmación no se ve sustentada por la evidencia. El lenguaje romaní es un koiné derivado de un grupo de lenguas de base sánscrita, como el punjabi, hindi, bengalí, multaní y otras más. La mayoría de estas lenguas se desarrollaron en forma paralela. Y el análisis lingüístico muestra que los lenguajes que aportaron al koiné militar pertenecían a una categoría que gradualmente redujo sus tres géneros a solo dos: abolieron por completo el viejo género neutro y reclasificaron casi todas las palabras neutras como masculinas. El romaní también posee dos géneros y muestra las mismas palabras de género masculino relacionadas con las lenguas indias. Incluso hay una misma palabra antigua, de género neutro, que se convirtió en femenina tanto para el romaní como para las lenguas indias de doble género. Se trata del término romaní jag-fuego. Lo que esto nos indica es que nuestros ancestros dejaron la India cuando hablaban lenguas que tenían solo dos géneros, se trata de una evolución lingüística que no estuvo completa sino hasta bien entrado el s. X (Hancock, 1999).

Los roma europeos, por lo tanto, no pueden descender de los legendarios músicos luri, quienes supuestamente fueron enviados a Persia cerca de cinco siglos antes del año 1001, antes de que comenzaran las incursiones de Mahmud de Ghazni al norte de la India y antes que cualquier otra migración india, como la de los jatts en el s. IX, bajo el califato árabe que precedió a los gobernantes gaznávidas en Afganistán. Si así hubiese sido, los roma mantendrían los tres géneros antiguos; los cuales, de hecho, muestran su evidencia entre los ḍomari, quienes se valen de un registro indo-árabe hablado en Oriente Medio y que desciende de una migración india mucho más temprana (Hankcock, 1999).

Solamente hay un grupo en la India que demuestra estar conectado con la migración ancestral de los roma y el mismo se encuentra entre ciertos clanes banjaras (especialmente los lāvanīs o porteadores de sal), pues las antiguas leyendas banjaras cuentan que algunos de sus clanes se fueron de la India para servir a Mahmud de Ghazni y nunca regresaron. Esto, obviamente, tendría sentido. Siendo porteadores de sal y de agua, y también como pastores, mucho banjaras fácilmente podrían haber sido incluidos entre las compañías de las tropas ghulams debido a que ya habían realizado estas funciones para los ejércitos dentro de la India, lo habían hecho antes y mucho después de que los ancestros de los roma hubiesen partido. Se dice, además, que los romaníes de España realizaron un servicio similar, llevando provisiones para el ejército hispano durante varios momentos del s. XVI (Leblon, referencias varias).  


Los orígenes del paternalismo racista y la creación del estereotipo gitano.

Desde nuestra llegada a Europa, los estudiosos de este continente han tratado de definirnos por lo que hemos sido en Europa a lo largo de sus vidas. Es el inicial y particular caso de Heinrich M. Grellman, en el s. XIX, quien describió a los roma con palabras que señalaban a una repugnante especie de bichos destinados a la extinción en un “civilizado régimen europeo” (Die Zigeuner. Ein historischer Versuch über die Lebensart und verfassung - Dessau and Leipzig, 1807). Sus discípulos nazis ciertamente hicieron lo mejor que pudieron para llevar a cabo su pensamiento ¡bajo “el civilizado régimen europeo” de Hitler!

Grellman y otros eruditos europeos (sic) asumieron que nosotros siempre habíamos sido lo que ellos consideraban una baja casta de nómades, incluso en la India. Esto dio lugar a la arrogante creencia europea de que todos nuestros ancestros fueron los ḍomba basándose sólo en la palabra rom, a la que estos “estudiosos expertos”, que nunca habían visitado la India, definían como “una baja casta de mendigos, ladrones, prostitutas y cavadores de tumbas” (la palabra en realidad significa ‘pueblo’ o ‘seres humanos’, según el Prof. Donald Kendrick). La definición de un diccionario nos dice lo siguiente sobre los ḍom:   

[...] casta muy baja que representa cierta antigua raza aborigen extendida por toda la India. Realizan oficios como el transporte de cadáveres, la remoción de basura y tareas similares (Hancock Ian, 1995 - A Handbook of Vlax Romani, p.19).

Los ḍom de la India históricamente han sido una casta nómade de músicos y personajes del entretenimiento, gente de diverso origen étnico y religioso y no una sola “raza” (sic). Se dice que ellos  se anticiparon a la llegada de los indoeuropeos a la India, aunque posteriores grupos ḍom incluyeron miembros indios, paganos y musulmanes. Más aún, los ḍom son descritos realizando muchas formas de comercio: como herreros, músicos, vendedores ambulantes, granjeros, etc. A la vez que es difícil dar por sentado el verdadero significado de ḍom tal como es usado en la India, al menos desde fuentes occidentales; los ḍom o ḍomba poseen también su propio lenguaje ancestral, que todavía lo hablan cerca de 200 mil personas y no está basado en el sánscrito, como el romaní. Se dice que los ḍom originales tenían su propia religión, con frecuencia descrita como “pagana”. No es improbable que ciertos ḍom puedan haber sido parte del conglomerado que eran las compañías en las unidades ghulam al servicio de los gaznávidas, y que como tales sus descendientes puedan haber adoptado el koiné militar de Ghazna. También es posible que, dentro de la India, los ḍom vinieran a significar más una imprecisión tanto dentro como fuera del sistema de castas antes que un preciso origen, etnicidad, profesión o estilo de vida.

Mis intentos por descubrir el verdadero significado de ḍom en internet y otros lugares han resultado en una confusión total, en una miríada llena de contradicciones. Puede que finalmente rom derive de ḍom, pero en tanto no lleguemos a una definición significativa de este último término, el problema debiera dejarse de lado hasta que futuras investigaciones lo resuelvan. Algunas autoridades tienden a creer ahora que rom puede provenir de romiti, el nombre de las comunidades que vivían en el Sultanato de Roum o Rum; pero se deja de lado el hecho de que rom significa ‘esposo o adulto casado’, significado que el ḍom no posee y que nunca parece haberlo tenido en la India. Ciertos lingüistas han señalado que el sonido de la letra ‘d’ en sánscrito es similar al sonido de una ‘r’ en romaní, al que muchos romaníes escriben hoy como ‘rr’. Irónicamente, aparte de la palabra rrom y sus derivados (como de la palabra rroiyi-cuchara), hay un listado de palabras -a las que he logrado compilar- que utilizan la ‘rr’, pero casi todas derivan de lenguajes europeos y no del sánscrito o de lenguas locales derivadas del mismo, como por ejemplo rradika-rábano, rraka-cangrejo, rrakija-whisky y rrubizla-ruibarbo.  

Algunos investigadores no-romaníes han intentado demostrar que los ancestros del pueblo rom pertenecieron a las así llamadas “tribus gitanas” de la India, como los sansis y los sikligars del Paṁjāba (Punjab). Sin embargo, han fallado en su búsqueda de pruebas convincentes debido a que nunca hubieron tribus gitanas en aquellas tierras sino hasta el s. XIX, cuando los gobernantes británicos de la India los inventaron. Históricamente, siempre han existido innumerables grupos nómades de comercio y de pastoreo en esa tierra milenaria, pero los “gitanos de la India” son pura creación del rāja británico, quien reunió aquellos diversos grupos dentro de la denominación “tribus gitanas criminales” debido a los supuestos y fehacientes robos minúsculos de productos agrícolas. Esta nueva categoría de indios no se basó en la familiaridad de los británicos con el espacio nativo de la India, sino en la existencia de gitanos en Gran Bretaña y en su supuesta inclinación por robos menores en los cultivos y por su caza furtiva en tierras del señorío inglés; de aquellos señores que entonces estaban ocupados en el saqueo de la riqueza y los recursos de la India bajo el disfraz de ser “constructores de un imperio”. Este hecho se expresa de manera abreviada en el refrán romaní:

O rom corel e khajni, o gadjo corel e ferma
El romaní roba una gallina, el no-romaní se roba la granja.

Tras la independencia de la India, las así llamadas “tribus gitanas criminales” dejaron de ser criminalizadas y fueron reclasificadas simplemente como “nómades”, pero sólo para ser perseguidas por el nuevo régimen y verse forzadas a establecerse en medio de la pobreza, la enfermedad y la basura de los extensos barrios bajos de las nacientes ciudades en la nueva India.


La realidad de los roma vs. el mito gitano.

Los tradicionales roma de la actualidad siguen un estricto código de conducta, al que los antropólogos y “gitanólogos” llaman de manera imprecisa “código mahrime”, mientras que los propio romaníes lo denominan rromaniya o rromanipe. Dicho en dos palabras, mientras que los europeos en general tienen dos categorías: limpio y sucio, y las cosas sucias pueden limpiarse mediante el lavado, los romaníes poseen tres categorías: vužo-limpio, melalo-sucio y mahrime-contaminado, profanado y tabú.

Los romaníes tradicionales tienden a considerarse como una casta pura y ven a los extraños como potenciales fuentes de contaminación. Para una persona sensata esto bien podría ser el indicativo de una elevada casta original; más aún si se considera que cualquier conexión con la prostitución resulta en una severa censura social y hasta en la exclusión del grupo entre los roma y sinti más tradicionales. Los grupos romaníes menos tradicionales con frecuencia poseen también estrictos códigos de conducta y reglas sobre lo que está limpio y lo que está sucio, como las reglas mokerdi de los romanichel ingleses, la palecedo de los sinti y la magjaripe de los roma-polska. Existe entre ellos, además, el temor general a la contaminación de los no-romaníes, aunque quizás no de manera tan rígida como sucede entre los kalderaš, churara, lovara, machvaya, etc.

El término usado para señalar al extraño es gadjo/gadzho u otra forma parecida según el dialecto que se hable. La investigación lingüística conecta los orígenes de este término con el sánscrito gārhya-doméstico; y por deducción, a partir de la palabra en prácrito gajha, señala a una persona de casta baja. No proviene, como algunos aficionados han insistido, del término ghazni que forma parte del nombre de Mahmud de Ghazni. Entre los nómades sansis y sikligars del Paṁjāba, gajjha significa simplemente ‘agricultor, granjero’. Ya que los roma tradicionalistas de la actualidad se consideran más puros o de una casta más elevada que los no-roma, y ya que sienten la amenaza de verse contaminados por el contacto cercano con los gadje, podría entenderse al gadjo como una persona de una casta inferior, lo que contradeciría la teoría de que los rom derivan de los ḍom. Grellman y sus compañeros parecen haber pasado por alto este sentido de pureza y de profanación en la cultura romaní; y en una época en la que, frente a sus ojos, los sucios campesinos no-romaníes guardaban a las aves y otros animales dentro de sus propias cabañas. Incluso las personas adineradas lo hacían. Probablemente hasta el propio Herr Grellman, después de cenar, con frecuencia le daba sus platos a su perro ¡para que le limpiase las sobras! El plato estaría entonces “lavado” y ¡podría ser usado para la cena del día siguiente! Entre los roma ese plato sería destruido por considerárselo mahrime, capaz de contaminar. 

Todas las palabras de los dialectos romaníes de la actualidad que se relacionan con una comunidad establecida, con la tierra y con la agricultura, son palabras traídas de la India. Por ejemplo gav-villa, aldea; phuv-tierra; kher-casa, hogar; vudar-puerta; guruv-toro, buey; gurumni-vaca; khajni-gallina; giv-grano, trigo, etc. Por otra parte, las palabras que uno podría considerar que los nómades indios tuvieron que necesitar y preservar, incluyendo la de animales salvajes y pájaros (excepto chiricklo-pájaro en general), son palabras tomadas de lenguas fuera de la India; como las que se utilizan para señalar al campo, tienda, tren, primavera, tigre, elefante, águila, buitre, etc. Dentro del romaní existen también términos militares como xanro-espada recta, tover-hacha (relacionada con el hindi talvāra-espada curva), bušt-lanza, khuro-caballo y patav-polainas o protectores de la pierna; la caballería rājaputra se cubría las piernas con polainas (pataves) o con cintas de tela para resguardarse de los cortes que podrían producirse con los estribos de cuerda que usaban. Pero, ¿por qué los nómades sin caballos habrían de necesitar tales palabras? ¿Y por qué las preservarían fuera de la India a menos que hubieran dejado esas tierras siendo una fuerza militar secundada por compañías que se dedicarían a reparar y abastecer su equipamiento de combate? Por supuesto, nadie sabe cuántas palabras de origen indio se perdieron durante la diáspora de mil años para ser reemplazadas con préstamos no-indios. Sin embargo, muchas de las que aún perduran guardan claves de nuestra historia. Por ejemplo, tal como ya lo hemos mencionado, la palabra armenia grai-caballo doméstico, muestra que encontramos a los caballos como animales de labor en Armenia; en tanto que petalo-herradura, procedente del griego bizantino, nos habla de los caminos pavimentados y de las herraduras de hierro en Bizancio. 
  
Hoy, después de tres siglos de haber sido erróneamente definidos por los estudiosos no-romaníes y por “gitanistas” que insertaron sus versiones en nuestra supuesta historia, los investigadores romaníes y no-romaníes finalmente están yendo en la dirección correcta. Espero que su línea de búsqueda pueda ser seguida por otros y que finalmente veamos sus resultados en los libros de historia y en otras partes [de la cultura universal]. Muchas piezas permanecen todavía perdidas, pero la historia esencial, la estructura, ha sido ya definida; el resto vendrá gracias a las futuras investigaciones. Y así, la vieja mitología y todas esas interesantes “teorías” de eruditos y aficionados serán relegadas al reino de los cuentos de hadas. Por largo tiempo hemos sido erróneamente definidos por los extraños, ¡ahora somos nosotros quienes debemos autodefinirnos de manera correcta!


Referencias.

- Crooke, W (1896). The Tribes and Castes of the North-Western Provinces and Oudh. Cuatro volúmenes. Calcutta: Office of the Superintendent of Governmental Printing, India.
- Fraser, Angus (1996). The Gypsies. Oxford (UK) y Cambridge (USA): Blackwall.
- Hancock, Ian (1987). The Pariah Syndrome; An account of Gypsy Slavery and Persecution. Anne Arbor: Karoma Publishers, Inc.
- Hancock, Ian (1999). “The Emergence of Romani As A Koïné Outside of India”. Extracto de Essays In Honour of Donald Kenrick on the Occasion of his Seventieth Birthday. Londres: Ed. Thomas Acton.
- Hancock, Ian (2002). We Are The Romani People: Ame Sam E Rromane Dzene. Hatfield: Hertfordshire U.P.
- Leblon, Bernard (1995). Gypsies and Flamenco, Hatfield: University of Hertfordshire Press.
- Lee, Ronald (2007). “Romani Origin and Diaspora: From Ghaznavids to Nazis”, sección III, The Romani Diaspora in Canada; libro de clase, New College, University of Toronto. Toronto: Canadian Scholars’ Press Inc.
- Marsh, Adrian (2008). “No Promised Land. History, Historiography & the Origins of the Gypsies”, Estambul y Londres. Tesis presentada a fin de obtener el doctorado en filosofía en la facultad de humanidades de la University of Greenwich, Londres.
- Marushiakova Elena y Popov Veselin (2001). Gypsies in the Ottoman Empire. Hatfield: U.H.P.
- Nicolle, David (1996). Medieval Warfare Source Book: Christian Europe and its Neighbours. Londres: Brockhampton Press.
- Rishi, Weer R. (1974). Multilingual Romani Dictionary, Chandigarh: Roma Publications - Indian Institute of Romani Studies, University of Chandigarh.
- Singh, Sher (1965). The Sansis of the Punjab (A Gypsy and De-notified Tribe of Rajput Origin). Delhi: Munshiram Manoharlal.
- Singh, Sher (1966). The Sikligars of Punjab (A Gypsy Tribe), Delhi & Jollundur City: Sterling Publishers (P) Ltd.
- Tod, James (1920). Annals and Antiquities of Rajasthan or the Central and Western Rajput States of India; con la introducción y notas de William Crooke. Londres: Oxford UP.

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Fuente:

- Lee, Ronald (2009). A new look at our Romani origins and diaspora. En: kopachi.com

Nótese que ahí donde fue pertinente, he dispuesto las palabras con sus respectivos signos diacríticos.

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Imagen: Boris Krukiow fue un artista ucraniano que llegó a Buenos Aires en 1948 y efectuó esta idílica obra luego de casi una década de permanencia en la ciudad. Luego, ¿la imagen se corresponderá con un verdadero asentamiento romaní situado en las periferias porteñas o se tratará más bien de recuerdos de su Ucrania natal?

Esta podría ser una de las más tempranas representaciones de romaníes sobre suelo argentino. 




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sábado, 19 de mayo de 2018


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viernes, 18 de mayo de 2018




El lector sabrá disculpar que, por razones de tiempo, no haya podido desarrollar este escrito como un ensayo adjunto o de otra manera apropiada. Lo que sigue es la traducción libre que he realizado de un texto originalmente en inglés al que he acompañado de anotaciones personales (en azul) a fin de invitar a una mayor reflexión sobre el mismo – Vāyu-sakha.

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El estudiante húngaro Vályi István y la conexión india con el romaní.

por Ian Hancock.

Dentro de los estudios romanológicos, se ha convertido en tradición señalar que el descubrimiento de la afiliación india del lenguaje romaní se debe a Vályi István, estudiante de teología húngaro que se dice asistió a la Universidad de Leiden a principios de 1760. Vályi fue hijo de una familia terrateniente que vivía en el condado de Komora y que empleaba a muchos trabajadores roma en sus propiedades, personas a partir de las cuales pudo aprender algo del lenguaje romaní. Sin embargo, no existe ningún relato del hecho [de su descubrimiento] que provenga directamente del propio Vályi. En última instancia, la historia puede rastrearse hasta llegar a un impresor llamado Stephan Pap Szatmar Nemeth, alguien que evidentemente tuvo en sus manos las notas manuscritas de Vályi. 
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Si aún no ha sido introducido, el término ‘romanológico’ sería un neologismo español que refiere a los estudios sobre los romaníes o pueblo gitano. La Universidad de Leiden está situada en los actuales Países Bajos, mientras que el condado de Komora queda en Croacia.

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En una conversación a fines de 1763, Nemeth le habló a cierto conde Szekely von Doba –capitán del ejército y archivista aficionado- sobre Vályi y su descubrimiento, supuestamente dándole o vendiéndole aquellas notas. Szekely también era filólogo aficionado, razón por la que pudo reconocer el valor de aquel descubrimiento y eventualmente se lo transmitió al académico austríaco Georg Pray. Éste, a su vez, lo publicó como una breve noticia que finalmente apareció en la Vienna Gazette (llamada también Wiener Anzeigen o Gazette de Vienne) en 1776; lo hizo en latín y de la siguiente manera, según sus propios términos:

Die 6 novemb. viſitauerat me Stephanus Pap Satmar Nemethi, Typographus Karolienſis, habito ad inuicem diſcurſu mihi retulit: Eſt in Comitatu Comaromienſi, in villa Almas, Paſtor Reformatus, Stephanus Vali, is eidem retulit; dum Ludguni Batauorum ſtudiorum academicorum cauſſa fuiſſet conſtitutus, se vſum fuiſſe familiaritate trium iuuenum Malabaricorum, qui ſemper terni ibi ſolent ſtudere, nec niſi aliisternis venientibus redire poſſunt ad ſuos. Ex horum amicitia hunc fructum hanſit Stephanus Vali, quod mille et plura vocabula eorum linguæ, cum ſignificatione eorumdem, adnotauerat, abſeruando plura notris Zingaris eſſe communia. Ipſis enim Malabaribus afferentibus, in Inſula Malabaria, eſſe prouinciam vel diſtrictum (qui tamen in mappa non conſpicitur) quæ Czigania vocatur. D. Vali redux Zingaris Jaurinenſibos perquiſiuit, eas voces a Malabaribus ſibi dictatas quarum ſignifications Jaurinenſes Zingari absque vila difficultate eidem dixerunt; vnde Czinganos ſeu Czinganos ex prouincia Malabarica, Czigania, ortos conclude poteſt.
Velim autem ſcias, dulcis amice, Stephanus hunc Pap Nemethi eſſe vnum ex eruditis Patriæ nostræ, qui, antequam, ad academias Belgicas exiuiſſet fuerat ciuis, et ex poſt ſenior Colegii Lebrezinenſis, nec ita credulum, vt ſibi paſſus fuiſſet imponi a Valio Paſtore Almaſſienſi.
…

En primer lugar, no entiendo por qué Hancock le atribuye la primicia de esta nota latina al abad jesuita, György Pray, sosteniendo además que lo publicó en 1776 en la Vienna Gazette (la cual, según él, también es conocida como la Wiener Anzeigen o La Gazette de Vienne).

Cuando Grellmann menciona a la Wiener Anzeigen (probablemente un tanto confundido), en realidad no se refiere a La Gazette de Vienne. Tras publicar el texto latino en su libro como una nota a pie de página, Grellmann señala su precisa procedencia de la siguiente manera: S. Anzeigen aus den K.K. Erbländern, 6ter  Jaghr. Seit. 87.88. Lo cual es correcto, pues hace referencia a una publicación que se emitió en Viena entre 1771 y 1776, la Anzeigen aus Sämtlichen Kaiserlich Königliche Erbländeren (ASKKE) | ‘Informes de todos los reinos del imperio de los Países Bajos’. En su edición del 13 de marzo de 1776, la ASKKE sitúa lo siguiente en el índice principal: der Abhandlung von den Zigeunern in Ungarn und Siebenbürgen, Vom Ipeker Erzbißthum | ‘Ensayo sobre los zíngaros de Hungría y Transilvania, del arzobispado de Ipek [Dalmacia]’; y al ubicar las respectivas páginas, se halla el siguiente encabezado: II. Vermiſchte Nachrichten - Von der Sprache der Zigeuner | ‘II. Notas varias – Sobre el lenguaje de los zíngaros’. Dentro de esta nota aparece el texto en latín, que también figura a modo de pie de página y atribuido a ‘Samuel Székely von Doba’. Tal texto, además, pertenece a una serie de notas aparecidas periódicamente en la ASKKE y que versan sobre los gitanos, todas son presentadas bajo el mismo formato y sin indicar autoría. Luego, ¿porqué Hancock le atribuye la primicia de la publicación a Pray y en la Vienna Gazette?

La traducción directa de este texto en latín no aparece en el original de Hancock. Y en la traducción al alemán que transcribirá después, falta el último párrafo que se observa aquí, dentro del cual no he podido identificar la institución educativa a la que se alude con la expresión: 'Colegii Lebrezinensis'.

El día 06 de noviembre, me visitó Stephanus Pap Satmar Nemethi, tipógrafo húngaro, quien en nuestra conversación me dijo lo que le había informado Stephanus Vali, del Comité de Komora, pastor reformado del pueblo de Almasch: cuando éste efectuaba sus estudios en la Universidad de Leiden se familiarizó con tres jóvenes malabares, pues tres de ellos solían estudiar ahí y no podían regresar a los suyos sino hasta que fuesen relevados por otros tres. Y del fruto de aquella amistad, Stephanus Vali pudo registrar más de mil vocablos en su lengua junto al significado de las mismas, notando que tenían mucho de común con los de nuestros zíngaros. En verdad, estos mismos malabares sostenían que en la Isla de Malabar existía una provincia o distrito (que no aparece en los mapas) que se llamaba Zigania.
Vali regresó junto a los zíngaros croatas para seguir indagando y les preguntó por la significación de las voces que los malabares le habían dictado; y los zíngaros croatas le expresaron lo mismo sin ninguna dificultad, por lo que se puede concluir que los zínganos, o zínganos de la provincia malabar, provienen de Zigania.

Quisiera que sepas, querido amigo, que este Stephanus Pap Nemethi es uno de los eruditos de nuestro país, quien estuvo en academias belgas y después en la universidad lebrezinense; aunque no lo creas, este paso fue dado por Vali, pastor de Almasch.
…

La historia, sin embargo, sólo se generalizó tras la publicación del libro Die Zigeuner, de Heinrich Grellmann. La apreciación anterior fue traducida de la Vienna Gazette de la siguiente manera [dentro del libro de Grellmann]:

Im Jahre 1763 den 6ten November, sagt der lirheber dieser Nachtticht, besuchte mich ein Buchdrucker, Nahmnes Stephan Pap Szathmar Nemethi. Indem wie so von Allerley plauderten, kamen wir auch auf die Zigeuner; und bey dieser Gelegenheit erzählte mir mein Gast, aus den Munde eines Reformierten Predigers, Stephan Vali, zu Almasch im Komorner Komitat, folgende Anecdote: Als er, dieser Vali, auf den hohen Schule zu Leiden studiert habe, sey er mit den Malabarischen jungen Leuten, dergleichen beständing drey daselbst studiren müssen, und die nicht eher in ihr Vaterland zurückkeren dürfen, bis wieder andere drey an ihrer Stelle da sind, in genauer Bekanntschaft gestanden. Weil er nun bey ihrem Umgange bemerkt habe, daß ihre Muttersprache derjenigen, die unseren Zigeunern eigenthümlich ist, überaus ähnlich sey; so habe er diese Gelegenheit benutzt, sich mehr aus tausend Wörter, nebst ihrer Bedeutung, aus ihrem Munde aufzuzeichnen. Dabey hätten auch diese Jünglinge versichert, daß sich auf ihrer Insel ein Strich Landes, oder eine Provinz, Czigania genannt (die man aber auf der Charte vergeblich sucht wirklich finde). Nachdem nun Vali von Universitäten wieder zu Hause gewesen wäre, habe er sich über die Bedeutung der mitgebrachten Malabarischen Wörter bey den Raber Zigeunern erkundigt, und diese hätten ihm jedes ohne Mühe und Anstoß zu dolmetschen gewußt.
En el año 1763, el día 06 de noviembre -dice el autor de esta noticia- vino a verme un editor de nombre Stephen Pap Szathmar Nemeth. Mientras hablábamos, tocamos el tema de los zíngaros; y en tal ocasión mi huésped me contó la siguiente anécdota procedente de la boca de un predicador de la Iglesia Reformada, Stephen Vali, de Almasch, en el condado de Komora. Cuando este Vali estudiaba en la Universidad de Leyden llegó a familiarizarse con unos jóvenes malabares: tres individuos que estaban obligados a estudiar allí de forma continua, sin que se les permitiese regresar a su patria hasta ser relevados por otras tres personas, según le confesaron. Durante sus tratos, pudo observar que su lengua nativa tenía una gran afinidad con la hablada por nuestros zíngaros, así que aprovechó la oportunidad para registrar de sus bocas más de mil palabras y sus respectivos significados. Estos jóvenes le aseguraron, además, que en su isla había una extensión de tierra, o una provincia, llamada Zigania (aunque no figura en los mapas pero que realmente existe). Cuando Vali volvió a su hogar luego de la universidad, se acercó a los zíngaros rábenos a fin de preguntarles sobre el significado de los términos malabares que había registrado; ellos se lo explicaron sin problemas y sin dudarlo.
(Traducido de la edición en inglés, 1807:170-171).
…

Nuevamente, la publicación original no se realizó en la Vienna Gazette sino en la ASKKE. Y pese a que tal edición contaba ya con una versión en alemán, por alguna razón Grellmann no la copia sino que la modifica para así situarla en el cuerpo principal de su obra, poniendo la versión en latín a pie de página. 

He corregido ligeramente la traducción del inglés para ajustarlo más a su original alemán; hice otro tanto también en el subsiguiente texto.
…

Varios de los contemporáneos de Grellmann (como Pallas, Rüdiger, Pauer, Büttner y Marsden) sin duda leyeron también aquel informe aparecido en la Vienna Gazette. La posibilidad, además, de que Grellmann inventara una historia basada en aquel suceso a fin de reclamar una cierta “primicia” tiene que descartarse, ya que apenas un año antes la misma había aparecido –bajo una redacción bastante similar- en un extenso tratado de dos tomos de Samuel ab Hortis (1775: 85-96). Es a este estudioso húngaro-eslovaco de Gross-Lomnitz y no a Grellmann a quien debiera atribuirse la primicia de haber escrito un detallado estudio etnográfico sobre los romaníes. Dentro de su obra (1783:102), Grellmann hace referencia a la revista en la que apareció el trabajo de Ab Hortis (el Anzeigen aus Sämtlichen Kaiserlich Königliche Erbländeren) [ASKKE], pero no lo menciona como su autor. El texto de Ab Hortis (1775:82) dice lo siguiente:   

Im Jahre 1763 den 6ten November besuchte mich ein gelehrter Buchdrucker, Nahmens Stephan Pap Nemethi, welcher mir bey unseren Unterredung zugleich entdeckte, wie ihm ein Protestantischer, in dem Kormornerkomitat dazumal zu Almasch befindlicher Prediger Stephan Vali erzählet habe; Als sich nämlich dieser Vali auf der hohen Schule zu Leyden befand, so hätte er mit dreyen malabarischen Jünglingen daselbst genaunen Umgang und Freundschaft gepflogen; indem es gewöhnlich ist daß beständing dreye von dieser Nation daselbst studerum andre drey an ihrer Stelle da sinn. Weil nun Vali merkte daß ihre Muttersprache mit der Sprache unserer Zigeuner nicht eine geringe Verwandschaft haben möchte, so suchte er aus diesem Umgang den Vortheil zu gewinnen, daß er aus ihrem Munde mehr den tausend malabarische Wörter nebst ihrer Bedeutung aufzeichnete. Vali wurde in seiner Muthmassung noch mehr gestärket, nachdem ihn Czigania genannt (die man aber auf den gewöhnlichen Landkarten vergäblichen suchen wird) wirklich vorhanden sey. Als nun Vali, daer sich wiederum in seinem Vaterlande befand, sich bey denen Raber Zigeuneren wegen der Bedeutung dieser malabarischen Wörtererkundigte, so wusten ihn die Zigeuner die Bedeutung aller dieser Wörter ohne alle Mühe und Schwierigkeit herauszusagen.
En 1763, el día 06 de noviembre, me visitó un erudito editor llamado Stephen Pap Némethi, y a partir de nuestra conversación de inmediato descubrí que existía un predicador de nombre Stephen Vali en el Comité de Komora, en Almasch, y que él había asistido a la Universidad de Leiden, en donde había conocido a tres jóvenes malabares y se había hecho muy amigo de ellos; era práctica común de su nación que tres personas viniesen aquí hasta que otras tres las relevaran. Vali notó que su lenguaje nativo comportaba mucho más que una cierta afinidad con el lenguaje de nuestros zíngaros, por lo que aprovecho aquella oportunidad a fin de poder registrar de sus bocas más de mil palabras malabares junto a sus significados. Vali reforzó aún más sus suposiciones cuando aquellos le hablaron de ‘Zigania’ (que no se halla en los mapas comunes pero que realmente existe). Cuando Vali regresó con los zíngaros rábenos de su país a causa de la importancia de las palabras malabares que había registrado, se encontró con que los zíngaros comprendían el significado de todas aquellas palabras sin problemas ni dificultad.
…

Este texto, que Hancock atribuye directamente a Ab Hortis, es el que aparece de forma prácticamente anónima dentro de la nota de la ASKKE en cuestión. El hecho de que Grellmann no reconociese la autoría de Ab Hortis pudo deberse simplemente a que lo ignoraba, ya que –según lo he señalado- esta nota y todas las demás pertenecientes a la serie sobre los gitanos publicada en la ASKKE carecen de autoría. Es posible, además, que eso mismo les haya sucedido inicialmente a los investigadores contemporáneos de Grellmann.

Entiendo que ‘rábenos’ sería el gentilicio apropiado para los habitantes de Rab, isla de Croacia.

…

Ciertamente, con el correr de los años el episodio se fue tornando bastante confuso. Piasere trató de resolverlos, pero situó trece años antes la nota de la Vienna Gazette y no concluyó nada firme respecto a quién podría haber sido el autor de aquel hallazgo (1988:120); si bien sugiere el fenómeno del ‘descubrimiento simultáneo’ siguiendo a Kroeber (1917). Sampson (1911) concedió fuertes argumentos al sostener que fue Jacob Bryant quien efectuó la conexión mucho antes que Grellmann e independientemente de él; y Matras (1999b) ha realizado afirmaciones similares a favor de Jacob Rüdiger. 

Otro de los contemporáneos de Grellmann, el cartógrafo James Renell, de seguro pudo leer también el informe de 1776 de la Vienna Gazette, en donde se menciona a ‘Zigania’ como un lugar auténtico y próximo a la tierra de los estudiantes, pues Renell lo incluyó en su mapa de la India publicado seis años después (registrándolo como Cingana, tras ajustar la grafía para acercarla más al término cingan; aunque lo descartará en ediciones posteriores). La historia de Nemeth registrada por Ab Hortis supuestamente fue reproducida de manera fiel por Pray y abiertamente embellecida por Grellmann.
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De nuevo, la ASKKE no señala ninguna autoría de manera clara, por lo que no pudo haber sido Pray.

En la Europa de aquella época, cingan era otro de los nombres muy utilizados para referirse a los romaníes. No he podido hallar la región de ‘Cingana’ en el mapa de Rennell; ni Hancock ni Willems –quien lo señala como ‘provincia’- conceden indicios cartográficos para ubicarla con mayor precisión dentro de la India. ¿No será porque –así me parece- resulta de una mera confusión de ambos al leer los entrecruzados nombres dentro de la cartografía? El nombre de ‘Cingana’ pareciera surgir del hecho de que una C mayúscula -que es parte de la espaciada inscripción del ‘DECCAN’- se cruza y antepone graciosamente a la palabra ‘Telingana’, dejando así: t e l  C i n g a n a. El nombre de Telingana alude al actual estado de Telaṁgānā, que aparece en posteriores mapas de Rennell sin prestarse a esta confusión.

















…

Dado los hallazgos que ahora siguen, tenemos que preguntarnos si Vályi realmente estuvo registrado en la Universidad de Leiden. Al momento no existe evidencia alguna de que haya sido así, y los únicos detalles de la historia que tenemos son los que se encuentran en Ab Hortis y Grellmann. La breve pieza de Pray aparecida en la Vienna Gazette carece por completo de material lingüístico; y la supuesta lista de mil palabras de Vályi, además, jamás se ha encontrado.
…

La ‘breve pieza de Pray aparecida en la Vienna Gazette’ sin duda alude a la anónima nota en la ASKKE, según estamos viendo. En la pieza del 13 de marzo de 1776, ciertamente no aparece ningún material linguístico. Pero en la pieza del 20 de marzo de 1776, sí se dan algunos alcances. Ahí, bajo el subtítulo de: II. Vermiſchte Nachrichten. Beſchluß von der Sprache der Zigeuner | ‘II. Notas varias - Conclusiones sobre el lenguaje de los gitanos’, se halla un vocabulario de unas 50 palabras, una veintena de numerales y dos versiones del Padrenuestro en romaní. Si bien la supuesta lista de más de mil palabras no se ha encontrado hasta el momento.
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En la época de Grellmann, el lenguaje de la Costa Malabar aludía al tamil antes que al malayalam, tal como sucede en la actualidad (Caldwell, 1856:4n). Pero, al igual que el malayalam, el tamil es un lenguaje drávida y por ende bastante desconectado del romaní. Grellmann ideó la identidad de los estudiantes indios como hijos de brāhmaṇas a fin de poder afirmar que el lenguaje que aquellos hablaban no era suyo sino el ‘Shanscritt’ del que descendía el romaní.

Sin embargo, aunque el romaní ciertamente tiene su origen en el sánscrito, de ninguna manera ha permanecido tan inmutable como para ser comprendido ‘sin problemas ni dificultad’ por alguien que hable sánscrito. Incluso un listado básico de cien ítems léxicos del romaní, de [el lingüista Morris] Swadesh, demuestra que éste sólo tiene un 80% de correspondencia con los lenguajes índicos contemporáneos; y las comparaciones de formas sonoras son mejor efectuadas con los modernos lenguajes indoarios, tales como el hindi o el punjabi, antes que con el sánscrito. De hecho, si las palabras fueron rápidamente reconocidas como similares al romaní, los estudiantes malabares bien podrían haber estado hablando en indostánico antes que en sánscrito. Probablemente ni Vályi ni Szatmari tenían la experiencia suficiente para identificar un lenguaje específico de la India.  

La siguiente tabla comparativa ilustra la proximidad del sánscrito, indostánico, romaní y singalés (lengua índica hablada en Sri Lanka), con el ‘malabari’ (tamil) no indoario: 
























En la segunda imagen he corregido ligeramente el recuadro expuesto por Hancock: si se atiende a los vocablos en las diversas lenguas, en la primera línea no corresponde la palabra 'dance' (baile) sino 'juego'. Situé, además, los debidos signos diacríticos y modifiqué algunas palabras en singalés y tamil, ya que a las mencionadas en el primer caso no pude encontrarlas en ningún vocabulario.

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En 1990 puede visitar el salón compartido de los estudiantes en la Universidad de Leiden, el lugar más propicio para que se produjera aquel encuentro supuestamente histórico. Durante mi estadía en la ciudad, intenté también recopilar registros del s. XVIII que podrían conceder mayores detalles. Compartí mi interés con el Dr. Harm Beukers, de la Faculteit Sociale Wetenschappen (Facultad de Ciencias Sociales), quien me prometió continuar con la indagación según se lo permitiera el tiempo. Algunos meses después, recibí una noticia suya relacionada con sus hallazgos, la misma que he incorporado en este informe.

Según los registros de la universidad de aquel periodo, los estudiantes que ingresaban a ella estaban obligados a registrar sus nombres en la Oficina del Canciller (el Rector Magnificus) el mismo día que arribaban a Leiden. Más aún, mientras el estudiante estuviese en la universidad tenía que renovar su matriculación -es decir, su solicitud de inscripción- de forma anual y en las cercanías del 08 de febrero. Su nombre aparecería entonces en un directorio conocido como Recentzelissten. El Dr. Beukers examinó tanto este Recentzelissten como los Volumina Inscriptzo concernientes al periodo que va de 1750 a 1763 (fecha en que, según Grellmann, se realizó por vez primera el informe de este evento), pero buscando el nombre de István Vályi o Stephen/Stefan Vali, no encontró nada. Sin embargo, sí halló una clave para una posible línea de posterior investigación.
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1763 no es la fecha designada por Grellmann sino la que apareciera originalmente en los textos alemán y latín de la ASKKE, sin que se haga mención alguna de su exacta procedencia o autoría.
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Casi todos los años, a dos estudiantes de Hungría se les daba la oportunidad de inscribirse en el Statencollege de la Universidad de Leiden, institución originalmente fundada por los Estados de Holanda para posibilitar que los estudiantes provenientes de las pobres familias holandesas pudiesen adquirir una mayor educación. El registro del 16 de mayo de 1761 señalaba que un tal Michael Pap Szathmari, ‘Transsylvano Hungarus’ (de la Transilvania húngara), fue admitido como estudiante de teología. Una posterior indagación, esta vez sobre el Registro de Exámenes, enumeraba a dos estudiantes con el apellido Szathmari. Para el 28 de septiembre hace su aparición un tal Daniel ‘Hungarus, extra ordinem ab III. Curatoribus et Consilibus commendatus’ [húngaro, extraordinariamente recomendado por curatos y asesores]; y para el 04 de junio de 1761, aparece el mismo Michael Pap como ‘commendatus a Professoribus Collegii Reformati Claudio-polotani in Transsylvanio’ [recomendado por los profesores de la reformada Universidad de Koloszvar (Klausenberg), en Transilvania (Rumanía)]. Sin embargo, un examen de este particular registro durante la totalidad del periodo que va de 1700 a 1790, no indica el ingreso de ningún Vályi István ni de nadie parecido.     

Tras una primera evaluación, pareciera que, sin ninguna evidencia auténtica respecto a la existencia de Vályi István en la Universidad de Leiden, la historia relacionada con el mismo fue una invención producida por la familiaridad del barón von Doba con Szathmari. Sin embargo, las afirmaciones del impresor se ven reforzadas por el hecho de que uno de los estudiantes húngaros, teólogo, llevaba también su poco común apellido; por lo que bien pudo haber sido un pariente suyo quien transmitiera la historia. Más aún, tres estudiantes procedentes del sur de la India –en realidad de la isla de Ceylán- fueron admitidos durante la década de 1750, siendo ‘obligados a estudiar continuamente’ en los Países Bajos. Sus nombres eran Johannes Meyer, admitido el 04 de septiembre de 1750; Petrus Cornelissen, el 07 de octubre de 1752; y Antonius Moyaars, el 23 de septiembre de 1754. Todos ellos fueron registrados como ‘Ceylonensis’; es decir, como procedentes de Sri Lanka, que entonces era una colonia holandesa y –al igual que aquella patria descrita en el texto de von Doba- es una isla. Las lenguas habladas allí en aquel entonces eran el tamil (que es drávida), el holandés, el creole luso-asiático y el singalés (lejanamente relacionado al romaní pero radicalmente diferente al mismo, según se ve en la comparación anterior). Los nombres de los estudiantes sugieren que eran burghers ceilaneses, que probablemente profesaban la fe cristiana y que tenían como habla nativa el creole holandés y/o portugués. No hay forma de saber si además hablaban alguna otra lengua india. Los descendientes de los burghers actualmente viven en el área de Batticaloa y hablan tanto tamil como creole.
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Los burghers ceilaneses pertenecían al pequeño grupo étnico euroasiático de quienes descendían de las relaciones que los portugueses, holandeses y británicos mantuvieron con las mujeres originarias del lugar.
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Es evidente, entonces, que Vályi no estuvo registrado en Leiden sino en la Universidad de Utrecht; y no en 1763 sino diez años antes, en 1753 (fecha en que los tres estudiantes ceilaneses estuvieron en Leiden). Aún más, aquel no aparece registrado como Vályi István sino como Stephanus Waali. Por lo tanto, tan sólo podemos sugerir que fue alguien que ocasionalmente visitaba Leiden, quizás para encontrarse con otros estudiantes de teología. Aunque también es posible, por supuesto, que no se le deba reconocer el descubrimiento a él sino a uno de los Szatmaris, quienes también fueron húngaros y bien podrían haber sabido un poco de romaní.

Como nota final, debo señalar que buena parte de esta información original, que publiqué por vez primera en 1992, fue reproducida por Willems (1997: 57-59) sin una debida referencia. En ese mismo libro, Willems [paradójicamante] reprocha a Grellmann por no reconocer sus fuentes.
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Sea que lo haya efectuado de manera intencional o no, el hecho bien podría recordarnos que la altura académica no es nada inmune a las bajas dolencias éticas.

Al margen de esto, mientras indirectamente desarrolla la sugerencia de Hancock de reconocer el descubrimiento de la conexión india a Samuel ab Hortis, Willems nos concede una oportuna presentación de lo que hasta ahora se sabe sobre este autor húngaro. Véase la adenda.

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Fuente:

- Hancock, Ian (2010). Danger! Educated Gypsy: Selected Essays. Gran Bretaña: University of Hertfordshire, pp. 47-53.


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Adenda.

Dada la tradición de preservar las identidades de los autores, pareciera imposible descifrar a qué mano pertenecen cada uno de los artículos del Anzeigen [ASKKE]. Incluso Ruch [104], después de abordar largamente los paralelos entre Grellmann y la serie aparecida en aquel periódico, tan sólo indica que el responsable de las notas sobre los gitanos en Hungría y Transilvania es un autor desconocido. Pero eso es un error, ya que al final de la última entrega dedicada a los gitanos, bajo un tipo de letra diminuta y discreta, se ve impresa la inicial ‘ab H’. Este indicio, que aparece al final de las notas más concluyentes, es la única pista sobre la autoría que -en aquel entonces y ahora- ha dejado entrever la revista. Tras un rápido vistazo a los colaboradores de la publicación mencionados anteriormente, notamos el nombre de Samuel Augustini ab Hortis como ‘ab H’.

Poco se sabe sobre la vida y obra de este erudito protestante de origen húngaro. Había nacido el 05 de agosto de 1729 en Nagylomnic (Gross-Lomnitz en alemán), en el distrito de Szepes (Zips); y murió un 05 de agosto de 1792 en Szepesszombathely (Goergenberg) [105]. A partir de 1761 fue clérigo de la comunidad evangélica luterana, después de haber completado su formación en varias universidades alemanas, incluyendo la Wittenberg. Ab Hortis escribió varias piezas para el Anzeigen que versaban sobre la historia natural de Hungría; aunque en ninguna parte figura claramente que él fue el autor de la serie sobre los gitanos. Durante su vida publicó cuatro libros y tras su deceso apareció una quinta obra [106].

Además de sus iniciales, he hallado también un segundo indicio que hace muy posible que Ab Hortis fuera el autor de la serie que aquí nos interesa [107]. Ya he mencionado que, tanto en la Biblioteca Nacional de Hungría como en la Biblioteca de la Academia Húngara de Ciencias (ambas en Budapest), existen algunas cartas que intercambiaron los colaboradores de la revista y los editores. De hecho, aún en el limitado número de cartas que todavía se conservan, no se dice absolutamente nada acerca de la serie sobre los gitanos; y no pareciera haberse preservado ninguno de los manuscritos de Ab Hortis. Lo que el archivo guarda es una carta de András Jónás Czirbesz -uno de los editores de la revista además de clérigo en la provincia de Szepes- que contiene un pasaje que refuerza la posibilidad de mis deducciones: 
  
Einer meiner Freunde, ein fleissiger Mitarbeiter an den gelehrten Anzeigen, bewogen durch die Allerhohste Sorgfalt, unserer gnadigsten Landesmutter, fur die Regierung des armen Zigeuner-volks, arbeitet an einen Versuch, die Geschichte dieser Nation betreffend, ihren Ursprung, Sitten, Gewohnheiten, Lebensart, Kleidung, Krankheiten, Laster, und Ausschweifungen, Sprache und dergleichen betreffend.

Uno de mis amigos, diligente contribuidor de revistas académicas, viéndose movido por la mayor preocupación por la dirección de los pobres gitanos (tal como la misericordiosa madre de nuestro país [la emperatriz]), está trabajando en un ensayo sobre la historia de tal nación, sobre su origen, costumbres, hábitos, forma de vida, vestidos, enfermedades, vicios y excesos, lenguaje y demás [108].

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Notas correspondientes a la adenda:

104. Ruch, 1986:104
105. En la actualidad, esta ciudad se llama Spîsská Sobota, situada en lo que hoy es Eslovaquia. La información sobre el autor proviene de dos diccionarios biográficos húngaros: el Nevri Nagy lexicon, II parte, bajo la entrada ‘Augustini ab hortis, Samuel’ (1811:299); y el Magyar életovjti lexicon, I parte, bajo la entrada ‘Augustini Sámuel, ab Hortis’ (1881:62). He consultado también dos diccionarios alemanes: en el de Von Wurzbach, bajo ‘ab Hortis, Samuel’ se registra el 26 de Agosto de 1729 como fecha de nacimiento y la de deceso figura como desconocida (1856-1923:311); y lo mismo sucede en el de De Luca, en la I parte de su edición ampliada (1777:255).
106. Véase la breve introducción biográfica de Rudolph Weber escrita para póstuma obra de Ab Hortis: Topographische Beschreibung des Flusses Poprad oder Popper in der Zips aus dem Jahre 1782 (Kesmark, 1900).
107. La etnóloga húngara, la Dra. Vieira Urbancová, recientemente ha llegado a la misma conclusión, no solo sobre la base de la inicial 'ab H' sino tras consultar fuentes húngaras locales. Urbancová está preparando una edición bilingüe (húngara-alemana) de la serie de notas sobre los gitanos: Samuel Augustini ab Hortis Cigáni v Uhorsku/Zigeuner in Ungarn (1775) (Bratislava: Studio Bratislava, 1994). Véase también su introducción y epílogo, en donde insta a la restauración de tal ‘relegada monografía’ para así concederle el respeto que se merece. Vaya mi agradecimiento a Han F. Vermeulen, antropólogo de la Universidad de Leiden, quien tras leer mi disertación llamó mi atención hacia la publicación de Urbancová.
108. Esta carta, fechada el 03 de febrero de 1775, estaba dirigida a Dániel Cornides, ‘profesor de Pest’, a quien Grellmann agradece en la segunda edición de su libro por los materiales que había puesto a su alcance. Según una misiva de László Ottovay, miembro de la Biblioteca Nacional de Hungría (del 11 de junio de 1991), la carta de Czirbesz se halla en la colección manuscrita de la Academia Húngara de Ciencias, en la sección Ungarische Literaturkorrespondenz (Magyar irodalmi levelezés), 4r.60, n° 81. Ottovay agrega que él también considera probable que Sámuel Augustini Ab Hortis fuera el autor que escribiera la serie sobre los gitanos.
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Fuente:

- Willems, Wim (2013). In Search of the True Gypsy: From Enlightenment to Final Solution, pp. 63-64. New York: Routledge.




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